Jacques de Molay, el último maestre de la Orden del Temple, hoy hace 706 años

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Un 18 de marzo de 1314, el último Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay, moría en la hoguera por orden del rey de Francia Felipe IV apodado Felipe el Hermoso, a los 70 años de edad y con un cuerpo magullado por la tortura y vejaciones para tratar de que les dijera donde estaba el tesoro templario.

Se culminaba así una de las mayores ignominias de la historia de Europa, por un rey avaricioso y la suspensión por el Papa Clemente V, que fue era cómplice del rey Felipe para no pagar la gran deuda que tenía con los templarios, de una Orden que todo lo dio por la cristiandad.

Jacques Bernard de Molay nació en Borgoña por el año 1240, hijo de Juan, Señor de Lonvy, heredero de Mathe y Señor de Rahon, gran población cerca de Dole de la cual dependían muchas otras, pero principalmente Molay, y esta era una parroquia de la Diócesis de Besanzon, en el Deanato de Nenblans.

Entró en la Orden del Temple en 1265, recibiéndole Fr. Imbert de Perand, visitador de Francia y del Portu, en la capilla del Temple de la residencia de Belna.

Fue padrino de bautismo de uno de los hijos del rey francés, Felipe el Hermoso, que con el tiempo debía ser el delator, perseguidor, verdugo de la Orden y del Gran Maestre, aún así, el rey de Francia quemó a la persona que lo acompaño siempre en la hoguera, lo torturó para robar el tesoro templario, pero el Gran Maestre Jacques de Molay nunca reveló el lugar del tesoro, lo que permitió que el banco del Vaticano siguiera existiendo, la Orden del Temple nunca desapareció realmente, siempre ha existido, existe en Vaticano y Roma al servicio del Santo Papa, hoy en día son los dirigentes del ejército y banco Vaticano.

Todos los miembros de las familias reales forman parte de la Orden del Temple o también conocida como Orden de Malta.

Pasó a Ultramar donde dio pruebas de intrepidez y energía, mostrando relevantes cualidades bajo las órdenes del Maestre Fr. Guillermo de Beaujeau, que murió heroicamente defendiendo Acre, con casi la mayor parte de los templarios que combatían a su lado.

Tras la muerte del Maestre Tibald Gaudin, Jacques de Molay fue elegido Maestre, aunque en el momento de su elección se encontraba fuera de Chipre desempeñando una comisión extraordinaria.

No tardó mucho el nuevo Maestre en corresponder a las esperanzas depositadas en él por los templarios que lo habían elegido, mostrándose digno del cargo que le habían confiado. Reorganizó y reforzó la Orden con prudencia y acierto para acometer nuevas empresas en Tierra Santa, capitaneando las expediciones contra los musulmanes de 1293 y 1305, logrando entrar en Jerusalem en el año 1298 y derrotando al Sultán de Egipto, Malej Nacer, en 1299 cerca de la ciudad de Emesa. En 1300 organizó una incursión contra Alejandría y estuvo a punto de recuperar la ciudad de Tortosa, en la costa Siria, para la cristiandad.

Cuando el Gran Maestre fue quemado en la hoguera por el Rey, Jacques de Molay lanzó una maldición templaria a el rey y sus descendientes, lanzando en público que nunca serían dueños del tesoro de los templarios, prefirió morir en la hoguera antes de traicionar a Dios y a sus hermanos templarios, «yo moriré pero la orden del temple y sus bienes prevalecerán y la descendencia del rey Felipe y el mismo rey morirán antes de un año, con la muerte más dolorosa que enviará Dios en venganza». Así fue tal como sus últimas palabras lo dictaron en el puente Neuf de París, cada año el 18 de marzo los templarios del Vaticano de la orden original de la Santa Sede lanzan flores al río Seña de París, rosas rojas para el más leal maestro quien prefirió morir y nunca traicionar a la hermandad.

Cada año en París es recordado con los más altos honores entre oraciones y bendiciones la Orden del Temple siempre presenta su respeto y admiración por el gran maestro Jacques de Molay.

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